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Un incendio sacude todo vagancia, pues tarde o temprano la tierra se convierte en erial y sequía, no hay más alternativa cuando el labrador queda dormido con las herramientas de almohada y las ilusiones se amontonan una tras otra sin tiempo ni humus; aquel labriego dormilón solo lleva buenos deseos que lo arrullan y únicamente se levanta cuando el apetito voraz le lleva a zamparse cualquier cosa.
Tardé en encontrar unos temas para volver a escribir, pero jamás dormí, pues, el insomnio tenía forma del descuidado jardín de la casa; ese pequeño huerto me ha enseñado tanto, ahora lo veo con más respeto, incluso saboreo mejor las cebollas y el aroma del cedrón cuando madura en la planta o se mezcla con la miel y el zumo del limón en la infusión de la noche. Gracias por el agua de estos días, quedó en deuda con ustedes por las ganas de considerar mis escritos en este medio. No puedo saber si una insolación o la influenza o cualquier otra peste me deje sin tiempo para conversar en este espacio, lo que aseguro es que el agua es buena siempre y mejor cuando se entrega gratuitamente.
Fermín H. Sandoval ferminhomero@hotmail.com
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Enviado el Wednesday, 25 February a las 12:48:49 por Ricardo
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